SENTIMIENTO NÓMADA

Se entiende por nómada a aquella persona o animal que va de un lugar a otro y no se establece en ningún sitio de forma permanente.

En los últimos años me he sentido bastante identificada con esta palabra. No sé cuál es mi sitio, ni cuál quiero que sea mi sitio. Pero igual es que tiene que ser así. Desde que me fui por primera vez supe que el volver no iba a ser permanente. Que yo siempre iba a querer ver más y vivir más. Que la vida es solo una y yo quiero llenarla de recuerdos que valgan la pena y de experiencias que me hagan sentir viva.

Que igual tiendes a pensar que esta forma de ver la vida en la que nada es permanente no encaja con lo que nos intenta imponer la sociedad hoy en día, pero cuando viajas te das cuenta de que hay mucha más gente que piensa como tú, y que ya no eres tan rara. Que hay mucha más de esa gente que también prefiere invertir en experiencias en lugar de en cosas materiales. Soy de ese grupo de personas que aprecia mucho más esos momentos efímeros, como el atardecer en una playa perdida de Australia, que esos que son permanentes y se compran con dinero, como una casa con piscina para toda la vida.

He leído que la libertad de viajar y descubrir mundo suele convertirse en una adicción. Puede que sea verdad.

He intentado pensar y averiguar las razones por las cuales no quiero asentarme en ningún sitio (aún) y por las cuales no tengo prisa por encontrar esa estabilidad:

Me gusta salir de mi zona de confort. Me gusta arriesgarme y valerme por mi misma. Me gusta lo nuevo. Me gustan los retos. Donde otros ven miedo yo veo ilusión por descubrir algo totalmente diferente. Me gusta moverme, aprender y conocer todo lo que un nuevo lugar puede ofrecerme.

El viajar me ha hecho crecer, crecer en aspectos que igual no se pueden acreditar mediante un certificado académico, o justificar con un título en el currículum. Pero eso está ahí, y yo lo sé. Me ha hecho apreciar a las personas y al mundo en el que vivimos de una manera que antes jamás me habría planteado. Todo lo que oímos a nuestro alrededor son noticias malas de gente mala, que hace que acabemos odiándonos los unos a los otros. Cuando viajas, te das cuenta de que aún se puede confiar en las personas, y que en realidad, la mayoría de la gente con la que te cruzas en esta vida es gente buena, a la que si tratas bien, te va a tratar bien. Y lo mismo pasa con la naturaleza. Estás a veces tan inmerso en tu mundo de trabajo, estrés, preocupaciones etc, que te deja de importar el hacer las cosas bien, el reciclar, el usar menos plásticos, el no dejarlo todo por ahí tirado cuando sales una noche de fiesta. Pero de repente, viajas y descubres las maravillas que la naturaleza tiene guardadas para ti y te haces mucho más consciente. Quieres preservar esos sitios, quieres que no haya basura cuando vayas a verlos y quieres que los animales que viven ahí lo sigan haciendo también dentro de 50 años.

 

Hoy vuelvo a escribir después de mucho tiempo, pronto vuelvo a ponerme en ruta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *