Volando a Taiwán

Madrid, 15 de Octubre a las 2:45 de la mañana: suena el despertador, ha llegado el día! Comienza la ruta. A las 3:05 ya tenemos un taxi esperándonos en la puerta para ir al aeropuerto, y a las 6:00 despegamos. El día se esperaba largo, teníamos que coger 3 vuelos antes de llegar a Taiwán (es lo que tiene el comprar barato, el vuelo de Madrid a Taipéi nos costó 295€, ya que preferíamos ahorrarnos dinero aunque tardásemos más en llegar. He de decir que en algún punto me arrepentí de habernos decidido por esta opción). Nuestra primera parada fue Ámsterdam, donde hicimos una escala de 3h. Hasta aquí todo transcurría en orden, llegamos con tiempo, pasamos todos los controles y cogimos nuestro siguiente vuelo, esta vez mucho más largo ya que volamos a Xiamen, China. Aquí teníamos otras 2h y media de escala, y pensábamos que íbamos a tener tiempo suficiente, pero la verdad es que fue la aduana más larga de nuestra vida, haciendo cola para el control de inmigración perdimos una hora. Cuando nos tocó el turno a Jenny y a mí nos pidieron la documentación y además las tarjetas de embarque o el itinerario del vuelo que demostrase que íbamos a salir de China (solo estábamos haciendo escala, ni siquiera íbamos a salir del aeropuerto!). En Ámsterdam no nos habían podido dar la tarjeta de embarque del vuelo que teníamos que coger en China así que no se la podíamos enseñar. Yo llevaba mi itinerario impreso, pero no sirvió para Jenny porque habíamos comprado el billete por separado y  por lo tanto en mi itinerario no aparecía su nombre. Tampoco había WiFi por lo que ella no podía entrar a su email para enseñárselo (empezando con buen pie en China). Jenny les intentó colar la reserva del Airbnb en Taiwán como prueba de que no nos pensábamos quedar allí, pero obviamente dijeron que eso no era válido. Al final de tanto insistir y de decirles que no había WiFi por lo que no podía entrar al correo a mirarlo, el policía se cansó de nosotras y llamó a otro superior, que cogió y se llevó el pasaporte de Jenny, y cuando volvió nos dejó pasar. La cosa no terminaba ahí, porque después de inmigración tuvimos que pasar por unos cuantos controles más. Pasamos nuestro equipaje de mano por lo menos por 3 scanners diferentes. Aunque también descubrimos el por qué. Nos encontramos a gente con la maleta abierta en los controles y pillados con digamos que demasiados iPhones para ser de uso personal. El tiempo iba pasando y nosotras ni siquiera podíamos pasar el último control de seguridad porque no teníamos aún nuestras tarjetas de embarque. Al final, después de otra cola bien larga las conseguimos y nos tocó correr para llegar a tiempo. Finalmente logramos coger el último vuelo, Xiamen-Taipéi. Llegamos a Taiwán cuando allí era por la mañana, pero en España ya volvían a ser las 4am, por lo que llevábamos más de 24h en pie. En el aeropuerto nos reunimos con una amiga de la hermana de Jenny, que también llegaba a la misma hora que nosotras, pero ella desde Estados Unidos. Yo pensaba que ya íbamos a coger un taxi para poder irnos a descansar cuando me dijeron que no, que íbamos a esperar a que llegase también la hermana de Jenny para irnos todas juntas. Aún faltaban 4h para que llegase. Yo me quería morir. Yo no sé si la gente consigue dormir mucho en un avión, pero yo desde luego no había conseguido dormir nada. A las 15:00 hora de allí, finalmente su hermana apareció y cogimos un taxi para irnos a casa. Cuando llegamos, ducha y no pudimos evitar dormir un par de horas. Al levantarnos Jenny y yo vimos que el resto se habían ido a cenar por ahí. Al poco tiempo llegaron los padres de Jenny, que venían también en un vuelo distinto desde Seattle (toda la familia volaba a Taiwán porque había boda familiar), y todo el mundo parecía estar a tope de energía. A mí que queréis que os diga, la siesta de 2h me había sentado como una patada en el estomago porque ahora tenía unas migrañas del 15. Aún así, salimos a la calle a buscar algo de comer. Acabamos en el puesto de comida de una amiga de la madre de Jenny. Consiste en que tienes la comida expuesta, y tú la coges, te la pones en una cestita, y luego lo fríen todo, lo aderezan con bien de picante, y listo. Hay desde pollo, verduras, lo que ellos llaman “chicken butt” (culo del pollo), pig blood (sangre de cerdo en cubos)… los que me conocen se pueden imaginar mi cara. Yo tenía hambre pero… no me gusta no saber lo que me estoy comiendo, y cuando me lo decían tampoco es que mejorase mucho, así que creo que comí dos trozos de brócoli y unas cuantas judías. 

Después de eso, y cuando yo ya pensaba que por fin nos podíamos ir a casa, me dicen que van a ir a reunirse con el resto del grupo en un bar (allí nadie estaba cansado??? llevábamos ya casi 2 días sin dormir). A mí me supo fatal pero yo dije que para mí el día llegaba a su fin. Para dormir en el pisito de la familia también fue una odisea. Sean, el primo de Jenny nos dejó su cuarto y se fue a dormir al sofá. En su habitación dormimos 3. Dos en la cama y otra en el suelo, y cuando digo suelo no es con un colchón en el suelo, es con una manta extendida  en el suelo a modo de alfombrilla. La hermana de Jenny durmió con su prima, la madre con la abuela y el padre en otra habitación donde había una camita individual. Invasión total de la casa, éramos 11 personas allí. Podéis imaginaros el comedor, había desaparecido totalmente entre todas las maletas que habían llegado a la casa y por supuesto no teníamos suficientes sillas para sentarnos todos a comer. Un espectáculo.

(Si yo fuese la que me voy a casar, no aceptaría a 11 personas en mi casa los días antes de la boda ni de broma, todo sea dicho).

Sin embargo, aquí no hubo ni una queja por parte de nadie, no he visto gente que te vaya a acoger con los brazos más abiertos que esta familia.

Al día siguiente nos levantaron a las 8:00, querían ir a desayunar y de excursión. Éramos ciento y la madre y solo un baño así que hasta una hora y media más tarde no conseguimos salir de casa. Desayunamos en otro puesto de la calle, (yuju, mis favoritos!), una especie de tortilla francesa y dumplings fritos (esto me gustaba más).

Pasamos el día en uno de los pueblos con más encanto de la zona, Jiufen. Antiguamente famoso por estar situado en una zona rica en oro, sin embargo, desde el desplome de la minería se hizo famoso por la magia que tiene el adentrarte entre sus callejuelas estrechas y llenas de puestecitos. Además este sitio sirvió de inspiración para el rodaje de muchas películas como El viaje de Chihiro.

A la vuelta, después de cenar fuimos a lo que allí llaman Hot Springs, manantiales naturales de agua mineral que se encuentran en zonas volcánicas. Toda una experiencia bañarte en esa agua tan caliente y con olor a huevo podrido, eso sí, dicen que tiene un montón de minerales y propiedades buenas para la piel. Cuando llegamos a casa, hicimos otra vez la maleta porque al día siguiente a las 5:30am teníamos que estar de nuevo en pie, los próximos cuatro días los pasaríamos en Okinawa (Japón).

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