Mis comienzos en Canadá

Llegué a Canadá con muchas ganas pero con los pies en la tierra. Sabía por experiencia que los comienzos son difíciles, que llegas sin nada y que hay que empezar a construirlo todo, desde cero, desde los cimientos.

No sabía que esperar de Vancouver, de Canadá, no me había fijado unas expectativas muy altas ya que pienso que así es más fácil aceptar lo que venga, e incluso sorprenderte. Y efectivamente, me he sorprendido, y mucho.

Creo que hacía mucho tiempo que no me describía a mi misma como una persona feliz, y ahora me doy cuenta de lo grave que es eso. ¿Cómo podemos no dedicarnos a ser felices si esta es la única vida que tenemos para serlo?

Por supuesto no todo siempre va a ser así, para llegar a lo que te hace feliz a veces hay que pasar por momentos en los que sabes que lo que estas haciendo no es para ti, pero si es el paso previo para conseguir lo que de verdad te llena, tranquilx, estás en el buen camino.

Siento que este es el mundo al que pertenezco, el mundo en el que puedo ser yo en todos mis aspectos. El mundo en el que me encuentro con gente con esa misma energía, con ese brillo, con los que conectas sin hacer ningún esfuerzo porque todos tenemos ya algo en común. Estamos aquí, lejos de casa, de la familia, de nuestros amigxs, de nuestras costumbres, sin embargo, en todos nosotros hay algo que tiene mucha más fuerza que todo eso junto, algo que nos ha traído hasta aquí. Da igual las razones, los motivos, las historias detrás de cada unx. Todos, absolutamente todos, tenemos esa parte que nos une, y para mí eso tiene un valor incalculable.

Estar viva está bien, pero sentirte viva es una sensación increíble. 

He llegado y por fin he descubierto un trabajo que me gusta. Toda la vida buscándolo y he tenido que llegar hasta aquí para encontrarlo. Siempre digo que todo en esta vida pasa por algo. Trabajar con GrowPro Experience me motiva, me gusta, y lo más importante, me hace ir al trabajo sin lamentarme 20 veces antes. Que es duro y estresante, pues también, pero es un reto, y me llena. Que la vida aquí es cara y también he tenido que buscarme algo extra, a veces haciendo más horas que un reloj y terminando muy muy cansada, sí. Pero está mereciendo la pena.

Vancouver tiene algo especial, es invierno y la ciudad está preciosa, o igual simplemente es preciosa a mis ojos porque ya se sabe que cuando uno está feliz en un sitio, todo le parece muchísimo mejor de lo que igual para otro pueda llegar a serlo. La gente también juega un papel fundamental en el proceso de amar u odiar un lugar. Así que puede que esto también me haya influido. Todo el mundo con el que me he cruzado desde que llegué a Canadá me ha tendido la mano, me ha ayudado, me ha aconsejado, me ha hecho sentir bienvenida, me ha ofrecido su tiempo, me ha comprendido y me ha sacado una sonrisa. Y yo no he podido dejar de dar las gracias hasta el momento. Porque frases como “tranquila yo también pasé por ahí, así que ¿cómo no te voy a ayudar?”, o “aquí somos una familia, estamos para lo que necesites”, te hacen sentir más en casa que nunca.

Las personas pueden llegar a ser increíbles.

Canadá, no dejes de sorprenderme.

 

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